RESPETO

Gonzalo caminaba sin rumbo fijo, había decidido salir a caminar todas las mañanas, no quería seguir con esa vida sedentaria que lo estaba consumiendo. Miraba los escaparates con el poco interés que le causaba el saber que no necesitaba nada de lo que veía en ellos. Al llegar a la cafetería donde muchas veces desayunaba, vio a través de la gran cristalera a su exmujer, charlando con un hombre algo más joven que ella. Tomaban café mientras reían amigablemente. Carla seguía tan guapa como siempre. Al mirar sus risueños gestos, recordó que aquella fue la sonrisa que lo enamoró años atrás. ¿Qué pudo suceder en su cabeza para perder a una mujer tan maravillosa? ¿Cómo había llegado a aquella situación? Ahora se sentía solo, inmerso en una decadencia física y mental que le traspasaba el alma. Carla lo vio a través del cristal. Lo saludó levantando uno de sus brazos y le convidó a que entrara. Gonzalo no pudo resistir tan apasionada invitación y entró en la cafetería. El amigo de Carla fue presentado como un compañero de trabajo, habían decidido hacer un alto en la apretada mañana en el bufet y bajar a tomar algo. Gonzalo declinó la invitación a sentarse con ellos, preguntó a su exmujer qué tal le iba todo, estrechó la mano de Miguel, que así se llamaba su amigo y compañero, y se despidió de ambos simulando tener prisa por algo. Al salir a la calle su cabeza volvió a darle vueltas al motivo por el cual había perdido a tan fantástica mujer. Se alegró de verla tan feliz.

Jon R.C. Durand

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