El fin del mundo

Viene del 24/02/21

Megan se quedó en la habitación con la mujer, herida en el costado derecho, y con la niña en un estado febril nada preocupante. Gracias a que nuestro botiquín estaba muy bien abastecido, la mejoría de ambas no tardaría en llegar. Yo, por mi parte, me llevé a Trevor, que así se llamaba el dueño del todoterreno que había aparcado frente a nuestra casa, a la cocina. Bebió casi un litro de agua de un solo trago. Por supuesto, empecé con el interrogatorio.

-¿Cómo habéis sobrevivido a todo esto? -fue la primera de las muchas preguntas que le tenía preparada a nuestro visitante.

-Nos cogió dentro de un búnker a las afueras de Akron, en Ohio. Tuvimos la suerte que el padre de Melissa, mi mujer, fuera un obsesivo de las guerras atómicas y cosas por el estilo-. Trevor hablaba con la voz quebrada, se notaba que llevaban tiempo pasando penurias-. Nos dirigíamos hasta Harrington. Hace tres días, mientras acampábamos en las afueras de Solon, mi mujer se hirió con la rama de un árbol. Vimos de casualidad la verja que rodea vuestro terreno y decidimos acercarnos para ver si podíamos conseguir ayuda.

-¿Habéis visto a alguien con vida? -volví a preguntar.

-No, a nadie. Pero… -Trevor paró en su relato cuando vio entrar en la cocina a Megan.

-Bien, he curado a tu mujer, no es nada grave. A tu hija, Elaine, le ha bajado un par de décimas la fiebre. Se pondrán bien -comentó mi mujer mientras se lavaba las manos, aún con sangre de Melissa en ellas.

-De acuerdo, después seguiremos con las desventuras de toda esta locura. Ahora comeremos algo.- Me dispuse a hacer algo de comida para todos. Intenté que Trevor no viera demasiado de nuestra casa, aún no lo conocía lo suficiente como para catalogarlo como mi amigo. Me dirigí a la alacena situada tras la cocina cuando oí la voz de Alex detrás de mi.

-Papá, ¿estas personas son buenas? -preguntó.

-Pues claro que son buenas, hijo. ¿Por qué preguntas eso?

-Es que, creo que no son de fiar -soltó de golpe mi hijo.

-No podemos saber eso todavía, aún no los conocemos, pero, como buenas personas que somos, debemos ofrecerle nuestra ayuda ¿lo comprendes? -Intenté tranquilizar a mi hijo, pero en el fondo sabía que tenía razón, no nos podíamos fiar de nadie.

Continuará…

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